Todo niño debería tener un peluche. Estos amiguitos suavecitos y esponjosos les generan paz y seguridad, ayudándoles a sentirse menos solitarios sobre todo a la hora de dormir.
También son buenos compañeros durante chequeos médicos y/o cuando van al colegio por primera vez y se sienten temerosos de dejar el nido.
Desde el punto de vista cognitivo, son buenísimos para desarrollar la imaginación y explotar la creatividad de los pequeñines.


